31/5/13

Sir Francis: to make love


make love. To make love, hacer el amor.

     He aquí otro limerick que Sir Francis solía citar co­mo típico ejemplo de humor inglés:

    A reckless young man from Fort Blaney
     Made love to a spinster named Janie.
            When his friends said, «Oh dear,
            She's so old and queer.»
     He replied, «But the day was so rainy!»

     Un temerario joven de Fort Blaney
     Le hizo el amor a una solterona llamada Janey.
     Cuando sus amigos le dijeron, «¡Pero alma mía,
     Es tan vieja y tan rara la tía!»
     El replicó: «¡Pero, y el agua que caía ese día!»
    
     No está mal como humor inglés, pero a mí me divertía más cuando, llegado a este punto, comparaba la forma de hacer el amor de la mujer inglesa y la francesa. Sir Francis, que según dicen, tenía una secreta admiración por la mujer francesa —aunque yo diría más bien por la mujer universal—, gustaba de mencionar la conocida comparación del Mayor Thompson[1], que había estado casado dos veces, primero con una inglesa y en segundas nupcias con una francesa.
     Decía que la inglesa, fiel a la tradición británica de considerar el amor más como deber conyugal que como placer (otro cliché más, sin base científica alguna), terminado el acto decía: «Do you feel better, darling?» («¿Te sientes me­jor, cariño?»), mientras que la francesa, más de acuerdo con la concep­ción latina de la vida, decía: «Ça t'a plu, chéri?» («¿Te ha gustado, cari­ño?»). Sir Francis añadía por su cuenta que la española solía decir: «¡Otro, por favor!», lo que provocaba no pocas risitas entre el alumnado femeni­no (la inmensa mayoría, por cierto).
     Pero dentro de esta tradición de «No sex, please, we're British» («Nada de sexo, por favor, que somos británi­cos»), el chiste más divertido que Sir Francis contaba cuando se encontra­ba «en vena» era el de aquel capitán inglés que en un bar de oficiales, tra­tando de congraciarse con su coronel, lo invita sucesivamente a un whisky, a un jerez y a una cerveza, a lo que invariablemente el coronel respondía (con ese estilo recortado británico que tan bien se le daba a  Sir Francis): «No, thanks, tried it once, didn't like it.» («No, gracias, lo probé una vez y no me gustó»). El capitán, desalentado por su poco éxito, va a marcharse ya cuando en ese momento entra una joven en el bar, y el coronel, que se da cuenta que quizá ha estado un poco seco con el capitán, y quiere arre­glar las cosas, le dice: «Wait a minute, captain, I'd like to introduce my daughter to you.» («Espere un momento, capitán, me gustaría presentarle a mi hija»), a lo que el capitán responde: «Your only daughter, I presume, sir.» («Hija única, supongo, señor»).
     Ante esta fina muestra de humor in­glés, los afortunados que se enteraban (Sir Francis lo contaba todo en in­glés, naturalmente) se reían de buena gana. A los que no se reían, Sir Fran­cis los obsequiaba con otra anécdota, la de aquel capitán de barco que te­nía la costumbre de reunir a los marineros en cubierta para contarles chis­tes con los que sus hombres se «retorcían» de risa. Pero una vez, al observar a uno que no se reía, preguntó: «What's the matter with that one, doesn't he like my jokes?» («¿Qué le pasa a ése, ¿no le gustan mis chistes»), a lo que le contestaron: «No, captain, it's only that he doesn't belong to this ship.» («No, capitán; es que no pertenece a este barco»). Si todavía había quien no se reía, Sir Francis recurría a uno de los «empollones» para que tradujera al español, y al final todo el mundo se reía, porque, ¿quién era el guapo o la guapa que se arriesgaba a que Sir Francis le espetara: «You don't belong to this class?» («¿No pertenece usted a esta clase?»).



[1] Pierre Dañinos, Les Carnets du Major Thompson.

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